Yona, el hombre de las manos grandes
Contaba yo con diecinueve años cuando lo conocí. Por las fiestas de San Juan yo había quedado con dos amigas mías: Kshmere y Dina. Ésta última había quedado a su vez con un amigo suyo: Yona, el hombre de las manos grandes, quien nos llevó en coche hasta la rave a la que íbamos, perdida entre el bosque y un par de carreteras secundarias. Y sucedió lo inevitable.
Debo reconocer que yo a este hombre lo medio conocía por ser habitual de un bar del que yo también era habitual. Conocía a su "novia" una chica de quince años, con la que salía de vez en cuando, pero siempre cortaban. Me gustaban sus ojos, color miel, pestañas larguísimas y una mirada difícil de olvidar.
En el bosque nos enrollamos, fue como un juego, quise probar el piercing que llevaba en la lengua, y él me lo dio a probar, luego lo hicimos en el coche. La fiesta terminó en la playa, dónde nos bañamos por la mañana, nos quedamos él y yo solos, él lloró y yo le abracé, fuimos a comer y luego a su casa. En el coche me insistió bastante en que quería que fuéramos pareja, aunque yo era bastante reticente acabé aceptando, pues me declaraba su amor como si fuese cierto que se podía amar a una persona a la que apenas conoces.
Así comienza mi história con él, que quizá es la más complicada de explicar porque aún estoy saliendo de ella, pero lo pienso hacer aunque sea trocito a trocito.
