(Recomiendo leer antes las partes I y II).
Lo que sucedió a continuación es digno de incluir en alguna superproducción de Hollywood. Tras pagar las consumiciones (cosa que Goliat hizo con su visa oro), nos dirigimos al coche y nos dirigimos a acompañar al niño pijo a su casa. Leo me propuso de ir a dormir a su casa y acepté, más que nada para intentar sacarle algo en claro en terreno neutral. En el coche (que mareo, a parte de que al conductor le encantaba comerse las aceras, la carretera para llegar a casa de Leo es de curvas) mi amigo empezó a leerme los Salmos mientras casi chocamos frontalmente con un camión bastante potente.
Menos mal que, según me dijeron, ellos estaban protegidos por Dios y por lo tanto el coche no podía sufrir ningún accidente. Por suerte el camionero también debía llevar protección divina y se evitó el temido choque. Mi cabeza iba a estallar, entre el mareo, la palabra del señor y la visión de una muerte repentina, mi estómago había empezado a centrifugar y no dejó de hacerlo hasta llegar a la casa de mi amigo.
Hay una cosa muy curiosa en la que creen los evangelistas pentecostales que es el don de lenguas. Se ve que alguien, bajo vete a saber que sustancias psicotrópicas, escribió en un evangelio que Dios daba don de lenguas. ¿Se han preguntado ya que es eso? Pues resulta que, según ellos, hay una lengua en la que Dios se expresa y solo las personas a quien éste elija podrán conocerla. La expresión con la que se me dirigieron era “hablar lengua” y eso lo hace el pastor y una mujer de la iglesia que habla lengua, es decir, que el pastor a lo mejor dice “manamaná tititiriti” y la mujer te traduce “Alabado sea el señor”. Y se ve que hay muchas palabras para definir un mismo concepto y que si fonética y gramaticalmente puedes traducir una frase, no será esa sino otra, pues dios es quien da el conocimiento de tal lenguaje y por lo tanto solo quien dios elija podrá interpretarlo. (Hay que tener mucha fe, realmente, para creer tal payasada, pero bueno, yo esperaba que mi amigo fuera aún un poco reciclable).
Una vez llegamos, Goliat le dijo a Leo que me enseñara el vídeo. Dirigiéndose a mí me aseguró que el contenido de tal grabación me impactaría enormemente, creencia que mantenía también mi amigo. Cito textualmente sus palabras: “Hoy verás milagros”.
Y si los vi o no, lo sabréis en la próxima entrega.
(Continuará)
servido por Diana
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No volví a hablar con él hasta un tiempo después. Estaba yo en mi casa comiendo pipas y leyendo "Crimen y Castigo" cuando me volvió a sonar el móvil.
-Donde estás?
-En mi casa.
-Perdida y sales, pasamos a buscarte.
-¿Quién?
-Piiiiiii piiiiiii piiiiii.
Al cuarto de hora se sucedió la esperada llamada perdida y yo salí hacia la esquina de mi calle donde había aparcado un enorme coche negro al que para subir tuve que dar un gran salto. En el asiento del conductor había un chaval de casi dos metros, a su lado mi amigo Leo, y detrás y a mi lado un adolescente pijo. Tuve que apartar tres evangelios para sentarme. Tras las presentaciones y saludos de rigor nos encaminamos hacia una cantina mexicana donde tomarnos algo. Una vez allí Leo nos hablaba de sus progresos. No había vuelto a probar la cocaína ni los porros, pero fumaba como un carretero y quería dejar el tabaco también. Para ello se había apuntado a un curso gratuito que ofrecía su centro de estudios. Bromeando sobre ello le sugerí una terapia hipnótica de las que están de moda, esas en que dejar de fumar solo supone x tiempo de hipnosis y ningún esfuerzo personal. Noté que mientras yo hablaba sobre el tema a los dos misteriosos acompañantes les cambiaba la cara. Tras mi inocente intervención uno de ellos, el que podría ser jugador de la NBA, espetó:
- No se debe hacer eso, la hipnosis es mala.
-Oh, claro- dije yo, creyendo comprender-, te refieres a que existe peligro de sugestión.
- No, te pueden entrar espíritus malos.
- Ah...
- Por cierto, Diana, ¿cuales son tus creencias?
Había llegado el momento clave, no iban a dejarme así, una atea sin convertir, ellos debían salvar mi alma.
- ¿Te refieres en si creo en algún ser superior?
- Sí.
- Pues no.
- Yo te puedo demostrar, mediante los evangelios...
- Perdón, pero no quiero que me demuestren nada. Si por cualquier razón existiera algún dios, ya saldaremos cuentas en su momento, pero mientras no tenga seguridad sobre su existencia no pienso preocuparme sobre ello.
- Buena respuesta.
- Diana ha leído la Biblia- dijo Leo, a traición.
- Bueno, de hecho, no toda... Empecé a leerla- le eché una mirada de esas que deberían pulverizar al adversario.
- ¿Y que es lo que has leído?- Se interesó Goliat.
- Pues... empecé por el génesis, y me atasqué tras el segundo libro de reyes.
- ¡Eso es malo!- repuso de nuevo.
- ¿Porqué no continué mi lectura?
- ¡No! El antiguo testamento es malo.
La verdad, yo ya me estaba cansando de ese diálogo absurdo cargado de memeces, y parece ser que estos chicos se tomaban en serio mi evangelización a pesar de mis respuestas.
(Continuará)
servido por Diana
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